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15/04/2016
Así son los horarios de los españoles
¿Qué pasaría si la jornada laboral acabara por ley a las seis? ¿Le parece factible concluir la jornada laboral a las 18 horas?
En el país de las cenas a las diez de la noche, los parones de dos horas para comer y las tardes en la oficina rindiendo pleitesía a la silla a la espera de que el jefe se marche, las tiendas echan el cierre cuando los niños llevan ya una hora soñando con que sus padres lleguen un día a tiempo para ayudarles con los deberes.

Es el país donde muchos pronuncian la palabra «conciliar» igual que un niño pide un deseo imposible ante las velas de su tarta de cumpleaños.

En ese país, Jesús Martínez abre su quiosco cuando aún brillan las estrellas, a eso de las 6.30 horas. Buena parte de la responsabilidad de esa falta de luz la tiene elhuso horario español, el mismo que Alemania y que poco tiene que ver con nuestra hora solar. Los otros responsables son empleados de banca, trabajadores de oficina y demás profesionales que arrancan la jornada laboral a las ocho. Alberto abre el quiosco para ellos, y no lo cerrará hasta las ocho de la tarde, para los que salen más allá de las siete de la oficina. «Claro que me gustaría que la gente terminara antes de trabajar, porque así yo también podría salir antes».

Oficinas

Se refiere especialmente al horario de oficina, ése que Rajoy ha propuesto regular por ley para que sea hasta las seis. Un horario que ya se da en muchos centros de trabajo, aunque a veces es más teórico que otra cosa. Por ejemplo, en consultoría.Pedro R. [pide que omitamos su apellido] es consultor SAP en una gran petrolera. "Me vendría de lujo salir a las seis, pero en mi trabajo es imposible, porque tenemos que cumplir los objetivos del proyecto, que ya de inicio va ajustado. En teoría, el horario es de 9 a 19, con una hora para comer, y el viernes hasta las 15 horas. Pero lo normal es salir a las nueve", si no más tarde. Por eso, cuenta, la mayoría de la gente deja este tipo de empleo a los dos años, por el nivel del trabajo y para poder conciliar.

A pesar de haber trabajado en Noruega, donde el overtime (echar horas de más en la oficina) está mal visto -«porque entienden que no eres capaz de sacar tu trabajo en horario laboral»-, ve inviable que esto se traslade a España. «En la empresa privada siempre se ha primado pasar muchas horas en el puesto de trabajo. Los jefes son los primeros que están ahí todo el día. Mientras eso no cambie, es imposible». De esa opinión es precisamente Nuria Chinchilla, directora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE Business School y una de las principales abanderadas de la racionalización de horarios: «El cambio depende de los directivos y mandos intermedios de las empresas», asegura a EL MUNDO.

Laura García (pide que no usemos su nombre real por política de empresa) es ingeniera e hizo justo lo que señalaba Pedro: dejar su trabajo en una consultora estadounidense, de la que a menudo salía de madrugada. Lo hizo al poco de casarse, porque «veía inviable formar una familia con esos horarios de trabajo». Hoy trabaja en una compañía de telecomunicaciones y normalmente lo hace desde casa. Acude a la oficina un par de días a la semana -donde teóricamente tienen horario hasta las seis, que pocas veces se cumple-, y el resto de los días trabaja desde casa. Esto le permite, por ejemplo, llevar y recoger a sus dos hijos del cole y le aporta una solución cuando están enfermos y tienen que quedarse en casa. Una flexibilidad que, sin embargo, también tiene su lado negativo: es habitual que le toque echar un par de horas de trabajo después de acostar a los niños y, pese a estar en casa, no se libra de las reuniones ocalls a las ocho de la tarde. Eso sí, vía Skype o similares y desde la habitación que hace las veces de despacho en su vivienda.

«Hay muchos empleos en los que podría aplicarse ese sistema. Me parece muy poco eficiente venir todos los días hasta aquí y perder el tiempo en atascos», afirma a los pies de la Torre Cepsa, en uno de los distritos financieros de Madrid, Luis Sánchez, empleado de Bankia. Su horario de trabajo es de 8 a 15, y los jueves hasta las 20 horas. Una «delicia» en lo que se refiere a tiempo libre comparado con el que tenía en sus anteriores empleos, en el sector de la informática, con jornadas partidas de 8.30 a 18.30.

Para Javier García, consultor de medio ambiente en una pequeña empresa informática, sería «un regalo» adelantar la salida a las seis. Con una niña de apenas cinco meses, llegar a casa una hora antes puede marcar la diferencia entre verla despierta o dormida. «Más que regular el horario a través de una norma, se podría incentivar que las empresas faciliten la conciliación, por ejemplo, conuna horquilla de entrada y salida (un margen de dos horas que muchas compañías ya aplican), y que sea el trabajador el que organice cómo cumplir las horas». Además, claro, de «acortar las reuniones, el tiempo para comer... siendo más productivos en general. Está claro que la conciliación es una asignatura pendiente en España».

Comercio

«¿Hasta las seis? Ese horario es imposible», admite Alberto Pareja, vendedor en una tienda de decoración textil en el centro comercial La Vaguada, abierta de 10 a 22. No obstante, sí cree que podría adelantarse la hora de cierre. «Sabemos que tener horario en comercio es complicado, pero tal vez se podría apostar por las horas más productivas. A ver quién está aquí en invierno a las diez de la noche comprando, y más teniendo hijos».

Esa ampliación de horarios fue, sin embargo, una bendición para José Manuel López, porque trajo aparejada la organización por turnos. Dependiente de una tienda de duplicado de llaves y 39 años en el comercio, ahora trabaja una semana de mañana y otra de tarde, lo que le permite organizarse y poder «tener vida». Antes, con la jornada partida, «salía a las 9 de casa y volvía a las 10 de la noche». Su caballo de batalla son ahora los fines de semana. «Mi hija trabaja en Múnich y allí todo está cerrado el domingo, salvo algún bar», explica, «y no pasa nada». También lo es para Joana Plaza, vendedora en una tienda de lencería. «Trabajar todos los domingos te deja sin poder disfrutar de actividades con la familia y los amigos, y librar un día de diario no es lo mismo».

Centros escolares

Los profesores de enseñanza primaria y secundaria son, a todas luces, los «conciliadores» por antonomasia, al menos en la enseñanza pública, junto con el funcionariado de las oficinas de la Administración que sólo abren por la mañana. Tienen 20 horas lectivas, más cinco de obligada permanencia en el centro (para reuniones, claustros, preparación de las clases, organización del colegio...). El resto de horas, hasta completar las 37,5, son de libre disposición. Es decir, que es el docente el que decide si las completa en el centro o en su domicilio y en qué horario, explica CCOO-Madrid. En la enseñanza concertada, es frecuente que los docentes hagan 30 horas presenciales, aunque depende de la organización de cada centro. Y en la Universidad, el abanico de posibilidades es inmenso y, según cuenta el sindicato, «son habituales los contratos a tiempo parcial».

En Secundaria la jornada suele ser de 8 a 15 horas, y son cada vez más los centros de Primaria que abandonan la jornada partida (la tradicional de 9.00 a 12.30 y de 14.30 a 16) y adoptan la continua, de 9 a 14, no sin cierta oposición inicial por parte de algunos padres. Es el caso del colegio Príncipe Felipe de Madrid, que instauró la jornada continuada hace tres años, explica su directora, Rosa Villalba Corral. «Al principio nos costó mucho trabajo que los padres entendieran que era más beneficioso para los alumnos, para ellos y para nosotros. Los niños han mejorado en cuanto a calidad de vida porque tienen más tiempo libre por la tarde para hacer actividades y estar con sus padres... Los que pueden, claro». Es consciente de que la mayoría de los progenitores sale mucho más tarde del trabajo que sus hijos del cole, por lo que cree que sería muy bueno adelantar la salida «para que puedan ayudarles a hacer los deberes, a estudiar... Los niños solos no pueden hacerlo, necesitan que al menos uno de sus padres esté con ellos. Nos falta eso». ¿Y es viable? «Nosotros lo hemos hecho, nos hemos acoplado a este horario, ¿por qué no otras profesiones?». Sabe, sin embargo, de primera mano que no es fácil: su hijo, de 29 años, trabaja en una compañía telefónica y sale todos los días a las diez de la noche.

Construcción y talleres

«La crisis nos jodió, pero nos mejoró el horario», afirma Ángel Marcos mientras pavimenta una acera en el Barrio del Pilar de Madrid. Actualmente es solador, aunque toda la vida trabajó como transportista. Fue precisamente cuando tuvo críos que decidió dejar la carretera para estar más tiempo en casa. «Antes me iba el domingo y volvía el viernes por la noche. Pasaba mucho tiempo fuera de casa. Cuando eres joven eso te importa menos, pero luego, pesa».

Su caso dentro de su sector es excepcional, porque trabaja para una contrata municipal y tiene horario de 7 a 15 horas, cuando en la construcción «lo normal» es salir a las 17.00 o 18.00 horas, salvo los piratas, que trabajan hasta la noche, pese a los riesgos. «Tengo amigos que llegan a las once a casa».

La crisis trajo recortes salariales pero también el cambio de jornada (antes era partida, de 8 a 13 y de 14 a 17.30). Y cree que ha sido un acierto porque, dice, el rendimiento es mayor. «Después de comer, no había quien se pusiera a picar, y menos en verano. Dentro de la dureza de trabajar en la calle, la jornada continua ayuda». Lo ratifica Rafa, el encargado de la cuadrilla: «La producción es la misma o incluso mayor». Y lo tiene claro: no cambiaría el dinero que ha perdido por recuperar el horario anterior. Conciliar vale mucho más.

En el mismo barrio visitamos un taller mecánico perteneciente a una cadena, que adapta sus horarios a la mayor afluencia de clientes. Abierto de 8 a 20 horas, se organizan en turnos de mañana, tarde y un tercer turno, partido, que responde a las horas de mayor trabajo: de 8 a 12 y de 17 a 20. Un horario que prácticamente ata al puesto todo el día y en el que los empleados no aguantan mucho tiempo. El justo hasta que encuentran otro empleo. «En este trabajo es así, dependemos de cuando llegan los clientes», explica el encargado.

24 horas

Sanitarios, bomberos y policías, por ejemplo, funcionan por turnos. También algunas industrias. Y los callcenter que no están en el extranjero. Y transportes y aviación. Como tantos sectores que deben estar operativos siempre. En el caso de los bomberos de Madrid, trabajan un día 24 horas y disfrutan de tres días libres. Y sí, insisten ante nuestra duda, si haces la cuenta, te salen las 37,5 horas semanales, «sólo que distribuidas de otra forma». También los policías se organizan por turnos. «Normalmente, rotativos por semanas, y el de la noche, fijo», explica un agente de la Policía Nacional. Asimismo, se organizan por turnos los servicios sanitarios.

Juan Meca es cirujano cardíaco. Pasa consulta de 8 a 15 horas en el Hospital La Paz de Madrid, aunque lo normal es que la jornada se alargue y que alguna tarde le toque quedarse. Además, hace guardias de 24 horas, que se suman a su jornada habitual. A pesar de su horario, que a priori es fijo, no es fácil conciliar. «Surgen urgencias, imprevistos... Y no es raro que se te rompan los planes...». En su gremio, explica, es frecuente trabajar en la sanidad pública por la mañana, y por la tarde con algún tipo de consulta o cirugía en una clínica privada.

Trabajos que 'atan'

Son las siete y Jesús Martínez sigue en su quiosco, a punto de afrontar la última hora de trabajo y también una de las más intensas. Está tan atado al puesto comoJuan Hernanz a su taxi, donde pasa unas 14-15 horas diarias, y hasta 16 los sábados. Otros compañeros se organizan por turnos, pero no es su caso. Sabe cuándo empieza la jornada, pero la hora de salida es siempre una incógnita.

La hostelería es otro de los sectores que atan. José Ignacio Arana, propietario de una cervecería en Chamartín, dice que prácticamente "vive" en su trabajo: desde las siete de la mañana hasta la noche. «No queda otra, somos los putos autónomos», se queja. No lo hace su camarera, Susana Barroso, quien señala que normalmente trabaja de 6 a 16 horas, y los sábados de 10.30 a 17. Se declara contenta, ya que -dice- es un horario que le permite estar con su hija, no así la jornada partida que ha tenido durante años, de 10.00 a 17.00 y de 20.00 a tres de la madrugada.

En un bar del mismo barrio, trabaja, sin contrato, Luis. Normalmente de 12 a 22 horas, aunque, dice, la hora de salida «es orientativa». Si hay fútbol o quedan clientes, no se puede ir. Está acostumbrado a jornadas de 15 horas -«encima, con un contrato por cuatro»-. Y tiene claro que no tiene remedio: «Eso de salir antes de trabajar es una quimera, con la cultura española, es imposible».

Las ocho. Cae la noche y con ella, por fin, el cierre del quiosco de Jesús.

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